Ruta de Ecoturismo Eólico

El cierzo sopla frío y seco desde el norte sobre la llanura aluvial de la depresión del Ebro, donde confluyen los parques eólicos de San Francisco de Borja y La Estanca. El encuentro cuenta con un singular testigo, la laguna de La Estanca, en medio del paisaje de vega de la comarca del Campo de Borja.

Con vistas al Moncayo, se extiende el oasis de sotos y huertas habitado desde hace más de dos milenios, y que distingue a la comarca del Campo de Borja; olvidada frontera de rico pasado donde el futuro es alentado por el viento que mantiene saludables las viñas, gracias a que seca el ambiente, y a la vez impulsa perspectivas renovables para sus habitantes.
Los giros rítmicos de los aerogeneradores semejan enormes estandartes que, al cielo, señalan los viejos límites que en la comarca del Campo de Borja existieron entre los reinos de Aragón, Navarra y Castilla. Corría el Medievo y, gracias a la pujanza de las familias nobiliarias, los paisajes de labrantíos y frutales fueron testigo de estratégicas expansiones territoriales.
Hasta 250 kilómetros de la comarca están señalizados por sendas practicables a pie o en bici, algunas cargadas de muchas pisadas, pues la comarca se halla en pleno Camino Castellano-Aragonés. Enlaza con Soria, por las mismas calzadas romanas que utilizaron los peregrinos medievales.
Son tierras que fueron tenazmente defendidas por órdenes militares como los Templarios y los Caballeros Hospitalarios.
Además, es donde los tres reinos cristianos (Aragón, Navarra y Castilla) confluyeron para disputar una posición estratégica, para cuya defensa resultó esencial disponer de un eficiente sistema de vigilancia.
El escenario se llenó de fortalezas y torres para proteger el viejo reino aragonés desde cada núcleo habitado. Actualmente, el caminante no debe dejarse engañar por la tranquilidad que respira cada pueblo de la comarca, pues todos esconden ricas historias fronterizas. Como Magallón, que poseyó hasta dos fortalezas, de las que queda la torre del homenaje, convertida ahora en el campanario de la iglesia. Bulbuente, Maleján, Agón y Novillas conservan otras torres que completaban el sistema de vigilancia.

Fuente: María Ramírez, Guía de Ecoturismo Eólico.

  • La Ciudad de Borja

     

    El pueblo de Borja, que debe su nombre (Burzau) a sus primeros pobladores, los celtíberos, sobresale coronado por los restos de su fortaleza musulmana de la Zuda, ruinosa pero aún soberbia, con los paños de muralla califal que mantiene en pie alrededor de un espolón rocoso. Naturaleza e historia asoman como vigías sobre el valle del río Huecha, constatando que en el Campo de Borja hay mucho que explorar.

  • Museo arqueológico de Borja

     

    El Museo Arqueológico es buena prueba de ello. Está alojado en la llamativa iglesia románica de San Miguel y concentra vestigios de las culturas que han convivido y superpuesto sus huellas en estas tierras.

  • Museo de la Colegiata

     

    El Museo de la Colegiata, que aloja la antigua colegiata de Santa María, junto a su claustro gótico-mudéjar, ofrece una magnífica manera de explorar el período más esplendoroso de la localidad. Este notable edificio, que en su tiempo fue un hospital, también permite acercarse al mayor tesoro artístico local, las tablas góticas que decoraron el retablo mayor.

  • Casa de las Conchas

     

    Antes de partir conviene recorrer las estrechas calles medievales para contemplar la casa de las Conchas, como se conoce popularmente el principal palacio urbano.
    Esta edificación fue construida en el siglo xv y es fácilmente identificable por los clavos con forma de concha que decoran sus puertas de entrada. Como sede de la
    biblioteca municipal, es posible acceder a su interior para admirar la ornamentada portada del salón noble de la condesa de Castellflorit.

  • Santuario de la Misericordia. Ecce Homo.

     

    Entre pinos, la pedanía de Santuario de Misericordia concentra la mayor devoción popular del Campo de Borja. Su iglesia es donde se realizó la restauración inacabada de una pintura del Ecce Homo. Una devota vecina borjana, Cecilia Jiménez, provocó que la localidad de Borja diera la vuelta al mundo. Once años después, el Ecce Homo a medio restaurar de Borja, pintado originariamente por el artista zaragozano Elías García, es la pieza más admirada por los visitantes en la iglesia del santuario, en lugar de la Virgen de la Misericordia, una talla de madera visigoda que, en su camarín y rodeada de un retablo barroco, preside el
    templo. El edificio forma parte del conjunto del Santuario, considerado la hospedería más antigua de España.
    Santuario de Misericordia, situada a 5 kilómetros de Borja, asoma en la ladera de La Muela Alta, una mole de arcilla y yeso que sobresale blanquecina recortando la llanura de la vega al levantarse como un magnífico observatorio natural. Desde la localidad se puede acceder a la meseta de La Muela Alta y aprovechar los accesos a los parques eólicos Borja I y II para disfrutar de las panorámicas del valle del Huecha. Se trata de un recorrido circular de dificultad media de 21 kilómetros de longitud, que tiene su punto de inicio y fin en Borja. En ruta, el pueblo de El Buste ofrece una parada donde reponer fuerzas y admirar unas magníficas vistas del Moncayo.

  • Laguna de la Estanca

     

    En el lugar donde confluyen los parques eólicos de San Francisco de Borja y la Estanca se halla la laguna artificial de La Estanca. Fue creada en el año 1328 para
    regular la distribución del agua en los campos agrícolas. Sus 15,4 hectáreas de superficie, envueltas por gran variedad de ecosistemas, almacenan el agua del río
    Sorbán. Después se distribuye a través de los canales y acequias de riego, regulando mediante compuertas su justo reparto entre los regantes de la zona baja de Borja y Fréscano. Su masa hídrica también fue aprovechada para la producción de peces como la tenca e incluso sanguijuelas para ser empleadas con fines medicinales.
    Las aguas nutren viñedos que se alinean junto a olivares y campos de almendros, parcheando el paisaje con un mosaico de ordenados cultivos separados por canales. En conjunto, perfilan un museo agropecuario al aire libre tachonado de los contrastes que dejan a su paso las estaciones del año.

  • Ruta Garnacha & Bike

     

    Desde Borja se llega hasta La Estanca caminando o en bici por pistas practicables que siguen una originaria calzada romana, sobre la que se superpuso el antiguo camino real que conectaba con Tudela. La pista abandona Borja por la calle Tudela entre granjas y campos de cultivos, para alcanzar en 2 kilómetros el pilar votivo del Maco, un popular símbolo del camino hecho en piedra caliza y bajo cuyo remate troncocónico se ven azulejos con las imágenes de san José, san Cristóbal, la Virgen del Pilar y san Antón. Su origen se remonta al año 1871, cuando un vecino conocido como el «Maco» se salvó del ataque de un gran lobo y, en agradecimiento, lo erigió.

  • La Estanca

     

    Al divisar los primeros aerogeneradores del parque eólico de San Francisco de Borja, también asoma una sorpresa en forma de arquitectura mudéjar. Se trata de la casa de Aguas, como se conoce popularmente la construcción agrícola para alojar al estanquero encargado de vigilar la adecuada distribución hídrica de La Estanca entre los regantes.
    El edificio, considerado un bien de interés cultural, concentra atención alrededor de la imponencia de sus tres plantas de sillares y ladrillo de hechura mudéjar, realizada por el mismo alarife que decoró la colegiata de Borja, y rematados con una galería de arcos de medio punto coronada por tejado a cuatro aguas sobre el
    que se divisa una cruz. Su belleza arquitectónica queda eclipsada ante el escenario que se abre tras ascender la pasarela que la rodea y llegar a un mirador sobre la laguna, un maravilloso humedal naturalizado cuya vegetación sirve de refugio a aves acuáticas durante el invierno y para nidificación de otras como el
    aguilucho lagunero.
    El sapo de espuelas y la rana común protagonizan la comunidad de anfibios que tanto gusta a las aves acuáticas como el somormujo. Otras aves fácilmente avistables son el zampullín, la gallineta, el cormorán grande, el azulón y la garza real.

  • Fréscano

     

    En las inmediaciones de la laguna de La Estanca, las cómodas pistas de acceso a los parques eólicos de El Boyal I, El Campo, Dehesa Mallén, La Estanca, San Francisco de Borja, El Pradillo y Fréscano permiten realizar una ruta de hasta 20 kilómetros. A lo largo del recorrido se pueden observar aves como la grulla común, que acuden estacionalmente a la laguna para descansar en sus rutas migratorias. También sirve para avistar aves esteparias tan singulares como el alcaraván, la ganga y la ortega. Paseando cómodamente entre los campos agrícolas es fácil distinguir el vuelo sorpresivo de los bandos de perdices, las golondrinas capturando insectos con sus giros acrobáticos o el colorista movimiento en el aire de las abubillas y los abejarucos. Sobre los montones de piedras junto a la pistase puede descubrir la silueta de tarabillas, trigueros, cogujadas y mochuelos.
    El recorrido culmina en la localidad de Fréscano.

  • Parque arqueológico de Burrén

     

    Donde se conservan las huellas de los pobladores más arcaicos del territorio, los pioneros habitantes de la Edad del Hierro. Las instalaciones y actividades del parque arqueológico de Burrén hacen aún más atractivo el primer parque de este tipo abierto en territorio español debido a la abundancia de restos arqueológicos de la época hallados en cinco yacimientos del valle del Huecha.

  • Palacio de los Condes de Bureta

     

    En Bureta, el palacio de los Condes de Bureta se levantó sobre el torreón del antiguo castillo musulmán, que defendió la frontera andalusí hasta el siglo x. Su recomendable visita muestra los últimos doscientos años de historia del palacio, que perteneció a la heroína de los Sitios de Zaragoza, María de la Consolación Azlor: la condesa de Bureta, quien creó el Cuerpo de Amazonas para socorrer a los heridos en los enfrentamientos con el ejército francés durante la guerra de la Independencia.

  • Burosque encantado

     

    Antes de abandonar Bureta, conviene recorrer su bosque encantado, habitado por pequeñas figuras de duendes y sus viviendas hechas con materiales reciclados y orgánicos que asoman colgadas de los troncos de los árboles. Se trata de un conjunto fantástico de pequeños seres y sus moradas que hacen del paseo hasta el molino una razón muy divertida para acudir en familia hasta el pueblo.

  • Pozuelo de Aragón

     

    Desde el pueblo de Pozuelo de Aragón, los accesos a los parques eólicos de Las Azubias, Virgen de Rodanas I y Las Herrerías facilitan recorrer el territorio más meridional de la comarca a lo largo de una ruta circular de 30 kilómetros. Discurre sin dificultad mientras se contemplan huellas etnológicas sobresalientes como el chozo del Lumbrerón, situado junto a las parideras de Royuelo, un antiguo refugio empleado por los pastores. Restaurado con su rotunda figura troncocónica, ofrecía protección ante el frío, el sol o las tormentas a los solitarios pastores.